
EN EL NOMBRE DE D10S
Maradona es una metáfora. Una imagen que ejemplifica lo gigante, lo enorme, lo monumental, lo inabarcable. El apellido de un país, se dijo. Pero quedó corto. Un Aleph nacional, el punto donde convergen todas las posibilidades del ser argentino, el agujerito donde cabe todo un universo. Esta versión ofrece muchas ventajas, pero también nos queda corta para pensar la huella maradoniana en otros territorios. Diego, héroe de un mundo globalizado. Maradona, un universo. Ahí entramos todos. Hay lugar de sobra para quien quiera entrar.
¿Qué somos nosotros en ese universo Maradoniano? “Nada menos que la confusa nube de pedos que aureola la pierna izquierda del Gran Diez”, responde Martín Caparrós en Boquita. Quizás seamos una tormenta solar, el culo de un cometa, de un barrilete cósmico, una estrella enana que se extingue, la luz que se apaga de un planeta que ya no existe, la forma de una galaxia, una galaxia entera, el Dios que arma y desarma sin darse cuenta ese universo, el sol de un sistema de planetas o el vacío que todo lo abarca. Maradona, como buen universo, se expande. Hay nacimientos constantes, nuevas estrellas, nuevas materias, nuevas galaxias, nuevas posibilidades: en Maradona todo puede volver a mirarse, rediscutirse.
Todo esto sonaría a delirio de trasnochado de no ser por el “Congreso Internacional sobre Diego Armando Maradona: aproximaciones a un universo inabarcable”. Organizado por Revista Meta, aunque más precisamente por el cerebro y la voluntad de Fabián D’Aloisio, el Congreso reunió gente de muchas latitudes nacionales e internacionales dispuesta a llorar, discutir, pensar, repensar, putear, volver a llorar, hablar, gritar, cantar, dibujar, putear de nuevo y seguir llorando, siempre por y para Maradona. La propuesta era difícil de rechazar desde su origen: llevar a Diego a la Universidad Pública. Que todo esto ocurra en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Meter a Maradona en la UBA en estos días. Meter a Maradona en la UBA en estos días y que la primera en hablar sea Taty Almeida. Y que Taty no hable de Diego sino que le hable a Diego. Maradona en tiempo presente. Quien también estuvo presente en la mesa de apertura del congreso fue Fernando Signorini. “Este evento fue realmente asombroso. Primero, porque como lo expresé en su momento, que un villero llegue a la universidad, hace tan poco tiempo atrás era algo casi utópico. Pero después, todo, absolutamente todo lo que sucedió en un ambiente tan cálido, tan agradable como es el de la, el de Sociales de UBA. Siempre el ambiente de las universidades, ahí mismo se respira otro tipo de aire, ¿no?”, reflexiona Signorini después de unos días. No es el único que intentará ordenar, darle forma y mirar de nuevo qué fue lo que ocurrió el 6, 7 y 8 de noviembre en la Universidad de Buenos Aires.
De Entre Ríos llegó el periodista Santiago García. No fue la excepción: hubo representante de todas las provincias argentinas y de la mayoría de los países de la región. “Como se dijo tantas veces estos días, es un acto de justicia que D10S haya tenido su lugar en una Universidad Pública. Y más aún en este momento del país. Espero que esta sea la primera de una serie de experiencias similares. Diego es, como bien dice el lema, un universo inabarcable”, dice García.
Otro que viajó para estar presente fue Facundo Paredes, también periodista. Hace algunas semanas, Paredes había entrevistado a Oscar Nicolaus, un psicoanalista napolitano, organizador del Te Diegum, una suerte de precuela del Congreso Maradoniano. Ya desde Rosario, a través de WhatsApp, me cuenta Paredes: “Creo que cumplió esto de alguna manera dejar o intentar dejar de lado un poco el Diego de las anécdotas, que por ahí es algo que se conoce más. Y bueno, sino que fue el Diego más pensado desde ámbitos académicos, desde distintas ramas, por supuesto. El Diego político, el Diego sindicalista, el hombre cercano a los derechos humanos, el Diego de la cultura popular, de la sociedad, bueno, en el arte, en las distintas ramas de del arte”.
Para neutralizar las anécdotas, en la apertura estuvo Pedro Saborido, creador de Eddy Di Vulva, un personaje encarnado por Diego Capusotto, que vivió mucho tiempo al lado de Maradona pero no tiene ni una historia interesante para contar. Dejar la anécdota para el periodismo deportivo televisivo y ciertos ex jugadores, un acierto del Congreso. “El Congreso logró su objetivo planteado. Discutir la figura de Diego y ponerlo en el protagonismo que se merece. No sé habló de fútbol y era la idea. Maradona superó sus propios márgenes y con este congreso ya podemos establecerlo como prócer de la cultura argentina –explica Leonardo Albajari, uno de los organizadores–. Juntamos a la academia y a la tribuna. Al maradoniano y al crítico. Al que lo divide en dos y al que lo analiza como un todo”.
“Que más de 250 ponentes hayan hablado desde todos los lugares de un chico que nació en las condiciones que sabemos en que nació, y que como un pájaro de luz remontó vuelo hasta la más alta de las de las cimas en este mundo globalizado”, dice Signorini. Algo similar escribió el Peteco Carabajal después del partido entre Argentina e Inglaterra en México 86: “Sobre el barrial rodó la luna / los grillos dieron la señal / y al corazón de un niño / llegó la gracia”, dice “Canción del brujito”, un tema que cantó Carabajal en la apertura del Congreso. “Genios del hambre y la esperanza / vuelan junto a tu corazón / no los olvides nunca / juega por ellos”, canta Peteco.
“Que haya llegado a la Universidad es una clara demostración de que antes o después esta sociedad tiene no solamente el derecho, sino la posibilidad de transformarse en algo que tiene que ver con la dignidad de los seres humanos”, se esperanza Signorini. “Un santo que sigue generando desde sus dichos algunos revuelos populares que son muy necesarios”, de alguna manera coincide el periodista marplatense Mario Giannotti. Maradona símbolo de rebeldía, como lo recordó Dalma en los últimos instantes del Congreso. “El congreso arranca con Taty Almeida y cierra con Dalma, que defiende la universidad pública, que fue alumna de la universidad pública fue como un broche de oro”, dice Giannotti. Cuando el Congreso llegaba a su fin, cuando ese universo inabarcable se contraía sobre sí mismo, se replegaba para volver a expandirse, Dalma subió al escenario y, entre flashes y lágrimas, sintetizó: “que un villero llegue a la universidad debe preocupar a más de uno”. A más de uno que quiere hacer lo imposible: borrarlo de la historia. A él, a Diego, y a todo lo que representa. “Se acabo la era de Maradona”, dijo Macri. Adorni, adrede, omitió su nombre cuando nombró deportistas zurdos en una conferencia de prensa. Diego vigila, boludos. Y es eterno: un universo que todo lo abarca, expandiendo sus rincones hasta el infinito.