Diegologías
SACUDINOS EL POLVO, DIEGO

SACUDINOS EL POLVO, DIEGO

Los tiempos andan aciagos por acá. Nos despertamos renovando la esperanza y nos dormimos en un arrullo de pesadillas crueles. Que no son sueños y que brotan de nuestra misma raíz.

Así estamos justo en un momento en el que deberíamos celebrar tu existencia. Eso es lo que se hace en los cumpleaños, ¿no? Pero andamos de capas caídas y ya no creemos en superhéroes.

Invocarte para pedirte que soluciones este embrollo es demasiado. Ya te deben tener podrido con eso de andar salvando cagadas ajenas o tener que brillar en un conjunto de mediocres. Pero es que si te cuento lo que anda pasando, no me lo vas a creer: votamos ser colonia. Te lo juro.

Y, la verdad, vengo a pedir perdón en nombre del ser nacional. O algo así.

Vengo a pedirle perdón a Luiz Maradona, aquel hombre que logró su libertad peleando por la nuestra, a las personas afros que lucharon por no ser personas esclavizadas y que siguen queriendo borrar de la historia de nuestro país, a los pueblos originarios, en tu sangre guaraní, que nos heredan la visión de un mundo en comunidad y siempre en resistencia.

A quienes se subieron con vos al Tren del Alba para protestar contra George Bush. Pensar que logaron frenar la Cumbre de las Américas. El famoso “ALCA, ¡Al carajo!”, de Chávez terminó siendo una realidad. Te subiste a multiplicar el apoyo, como te pidió Fidel, y de verdad tuvo efecto: las personas salían a tu paso, al paso del tren, con banderas argentinas. Hoy nos abrazamos al dólar como promesa y al presidente de Estados Unidos como tío que nos regala golosinas a un precio demasiado alto.

Bueno, ya está. El derrotismo tiene un límite. Imagino que andarás revoleando los ojos, cruzando los brazos por debajo de las axilas y con ganas de boxearte con más de uno. Así que corto acá la letanía de la desazón.

Entonces, ahora sí, te pido algo. Ya sé que es tu cumpleaños. Ya sé que te pidieron mucho cuando andabas vestido de ser humano. Pero es que andamos necesitando algo de esa capacidad tuya de levantarte una y otra vez. De las derrotas, de los embates del cuerpo, de los frenos que imponen los poderosos.

Andamos necesitando saber quiénes somos, cómo llegamos hasta acá. Sentir por un rato que estamos en un partido de fútbol. Uno de esos que a veces nos sacuden y nos muestran que puede ganar el equipo más débil. Que no hay árbitro bombero ni VAR tendencioso ni presiones previas que valgan para sorprender con un resultado que no debía. Que se puede hacer un gol con la mano o que hay uno que gambetea toda la cancha y mete un gol lujoso. Uno que no se compra con dólares.

Andamos necesitando que les cueste llevarnos por delante. Algo de rebeldía, de autoestima, de plantarse para defender lo propio, lo colectivo. Ser un poco atrevidas, atrevidos. Eso que a veces parece confundirse con soberbia, pero es otra cosa: es no resignarse al atropello. Putear a la FIFA, llevar un camión al country. Algo así.

Y andamos necesitando, con muchas ganas, más incorrección, Diego. Fiestas paganas, desbordes colectivos, risas desaforadas. Ensuciarnos para jugar. Contradecirnos para crecer. Sacudirnos el polvo, todos los polvos, para salir a gozar. Nos tienen atrapadas, atrapados con las redes, los mercados, los miami y los uniformados. Nos corren los mapas con bombas y con algoritmos. 

Te pido la última. Te prometo. Un poquito de todo eso. Mandanos un pequeño soplo con alguno de los vientos. Una gotita que se expanda por algún charquito. Que se multiplique algo de esa conjunción entre pasado y futuro que nos solías trazar. Un pasito de cumbia, un batir de tambores, una gambeta imposible, una cara de culo, una sonrisa con chicle. Un grito de gol que nos despierte un poco.

Autor

  • Santafesina, gracias al “andá pa’llá, bobo” se reivindicó su manera de comerse las “s”. Presidenta de la cooperativa Editorial Chirimbote, es una de
    las creadoras de la colección Antiprincesas, en la que la niñez tiene un rol protagónico. Le gusta más editar que escribir y comparte con Messi la pasión por Newell’s.

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