Diegologías
TU NOMBRE COMO BANDERA

TU NOMBRE COMO BANDERA

Ya cinco años que no te tenemos cerca, que te imaginamos volando por algún lugar cósmico, acaso en donde Víctor Hugo Morales imaginó el despegue del famoso barrilete.

Te juro que no te quiero joder con boludeces, ni con desánimos ni con tristezas. Hoy, en las vísperas de tu cumpleaños 65, te extraño, te extrañamos de una manera extraordinaria. Siempre sentimos eso por vos.  Desmesurados, inmensos como todas tus jugadas, apasionados, contradictorios, de la manera que nos gusta ser en este rincón al sur del mundo.

No hay día, desde que te fuiste sin irte, que no aparezca una foto, una anécdota, un algo que nos arranque una sonrisa, una lágrima o una carcajada. En tiempos difíciles y hostiles, donde cada vez nos cuesta más encontrar sentidos, lugares que nos junten y nos haga comulgar ideas y pensares, vos nos seguís reuniendo siempre, nos ayudas a pensar con otrxs y por otrxs, nos seguís haciendo vivir que ser argentinas y argentinos da orgullo, nos infla el pecho a tu manera, con ese cuerpo fantástico que parecía volar sobre el césped de las canchas de todo el mundo, desafiando la física, la gravedad y el tiempo.

No paramos de llevar tu nombre como bandera, con la certeza de los sin jeta, los que la pasamos todos los días sostenidos en el arte de vivir con fe y sin saber con fe en qué.

Alguna vez dijiste a la pasada que solamente eras un tipo que había tenido la suerte de convertir un gol maravilloso a los ingleses, a esos que habían inventado el juego. Nada más que eso. Solo eras un ser humano común como todos. Con monstruos internos, miedos, enojos, virtudes y defectos. Fue una mochila inmensa de emociones la que te pusimos encima. Y lo seguimos haciendo.

Ser futbolista y de tu magnitud, es un sueño para muchos y para muchas. Se nos juega la vida con la pelota. Amamos este deporte. Nos representa en el mundo, gritamos goles, las pedimos todas, nos desmarcamos, las pateamos afuera, atajamos penales. Todas expresiones que usamos en la cotidianeidad, en los laburos, en las escuelas y universidades, con los amigos y amigas, en fiestas y asados.

No había manera de que el mejor jugador de todos los tiempos no fuera argentino. Y viene Lionel, nos hace temblar de orgullo y emoción también. Porque como dijiste, vos y el gritan los goles con los compañeros. No como Cristiano Ronaldo que la mete y después te vende shampoo.

Yo no te quiero jorobar pero, sabes, Pelu, estamos pasando tiempos durísimos. Por eso te extrañamos más y nos hace falta tu palabra, tu canchereada, tus chistes y tu forma de ofender a quienes jamás van a querer este suelo, nunca cantaran el himno desde las tripas. Siempre dirán que tenemos lo que nos merecemos porque somos un país de mierda.

Vuelvo a disculparme por tirarte esta mochila pesadísima. Pero nadie fue tan argentino como vos. Señalando al imperio, mostrando las injusticias como pocos se animaron a hacerlo. El techo del Vaticano de oro que contrasta con las panzas infladas de hambre en África. Que nunca irías a saludar al ahora rey Carlos de Inglaterra. Esas manos machadas de sangre nunca las tocarías.

Es una locura lo que te queremos. Se arman congresos, cátedras con tu nombre. Salimos a decir que te queremos las feministas de barrios, las travas con tu cara estampada en remeras. Nos juntamos en las casas donde viviste. Vemos tus goles mil veces y más. Y pasa algo que nos emociona y nos recorre el cuerpo. Mil historias generosas, de brazos abiertos siempre para ayudar, para abrazar como nadie lo hacía. Un abrazo de verdad.

Te juro que te soñé mil veces. Que charlábamos de futbol, de partidos. Que hablábamos de la importancia de ser zurdo o zurda para jugar y para vivir. Que el futbol es hermoso porque notas cabalmente que aunque seas vos, nunca vas a ganar un partido solo. Si entendes este juego maravilloso no hay manera que no seas generoso, no hay manera que no te importen los otros y las otras. Así, pasarse la pelota resulta fundamental. Así nos gusta jugar a nosotros y a nosotras. A tocar y pasar.

Tengo agradecimiento eterno porque te pude ver jugar. Con la camiseta de Argentinos, con la de Ñuls, la de Boca y la Selección Argentina, en nuestras canchas. Porque no me perdí nada de tus movimientos. Ni los saltos antes de empezar los partidos, ni cuando te atabas los cordones ni la forma de festejar los goles.

Nos reímos y lloramos con vos tantas veces. Pienso en el gol del empate a Italia en el Mundial 86 en México. Saltar, pegarle a la pelota con ese pie izquierdo infernal y cambiarle el palo al arquero. ¿Cómo es posible hacer eso? ¿Cómo sabias de antemano que había que hacer eso?

Espero estés descansando mucho, contemplando el mundo de otra manera, quizás con algo de paz, aunque quisieras y te den ganas de pasear por alguna cancha de nuevo. Esta insistencia en quererte tanto es porque nunca olvidaste ni renegaste de este suelo. Hoy que algunos delincuentes quieren vendernos, tu cara estará en mil banderas que inundaran las calles porque a pesar de todo la memoria de este pueblo no se rinde, no se rifa, no se vende.       

Felices 65, Pelu. Porque sos luz, sonrisa, desparpajo y rulos al viento. Porque sos morocho, porque sos argentino. Tu cumpleaños es una fiesta interminable que se celebrara por siglos. Para recordarnos siempre lo que significa ser argentino.         

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