
ENSEÑAR BELLEZA, ENSEÑAR A MARADONA
Oscar Nicolaus, psicoanalista napolitano, va del Te Diegum que organizó en 1991 en Nápoles al Congreso Internacional que se realizará el 6, 7 y 8 de noviembre en la UBA.
Con la nostalgia del scudetto de cuatro años atrás y la tristeza por la reciente suspensión por doping de Diego Maradona, el 11 de mayo de 1991 se celebró en Nápoles el congreso Te Diegum, pese a la fuerte oposición de sectores académicos y de la prensa que veían en el fútbol apenas un deporte.
“Y si éste no es un fenómeno importante, si no es un objeto de estudio que debe ser profundizado”, preguntó en aquel entonces el psicólogo Oscar Nicolaus –organizador del evento– en relación a la figura de Maradona, “¿qué cosa piensan es interesante estudiar?¿no creen que estos fenómenos influyen en una conciencia colectiva y la forman con tanta mayor profundidad cuanto más amado y popular el protagonista de la historia?¿O realmente la concepción iluminista de la Cultura los vuelve tan ciegos?”
Provocativo, en su exposición remató: “Nos asalta la sospecha de que a menudo todo lo que aparece como demasiado cercano, vital o comprometedor debe ser expulsado de la atención del estudioso”.
Es que tanto admiradores como detractores veían en Maradona mucho más que un futbolista. Posiciones políticas, sociales, contradicciones, amor, violencia, humildades, miserias. Una lista interminable de la condición humana, en una sola persona. Pero los ámbitos académicos rara vez recogieron el guante.
Recordado fue el reconocimiento de estudiantes –no de la Universidad– de Oxford (en Inglaterra, sí). En Argentina, recién en 2018 hubo un simposio sobre el tema en la Universidad Nacional de San Martín. Y no mucho más. “Deben haber juzgado que su aporte a la cultura argentina fue demasiado escaso”, ironizó el sociólogo Pablo Alabarces.
Como si el tiempo que pasó desde el Te Diegum del 91 a la actualidad hubiese inyectado injusticia por la falta de un acontecimiento maradoniano en la Universidad, el 6, 7 y 8 de noviembre se realizará el primer congreso internacional en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Organizado por esta revista, se llamará “Aproximaciones a un universo inabarcable”. Y Oscar Nicolaus participará de forma remota desde su Nápoles natal.

“Espero que traten la leyenda de Maradona como ejemplo de lo que se debe hacer en el deporte. Y no sólo en el deporte, sino también en la vida, en las familias y en las escuelas”, remarca este profesor napolitano, y agrega: “Maradona futbolista se convirtió en lo que se convirtió también porque tenía una extraordinaria capacidad para combinar disciplina y juego, belleza y victoria. Así que debemos enseñar belleza a las futuras generaciones”.
El futuro llegó
Este profesor en Nápoles considera que “el deporte es un escenario extraordinario de acontecimientos humanos, una herramienta psicológica y pedagógica formidable si se usa bien”. Destaca la cantidad de niños en todo el mundo que lo tienen como ídolo “porque para ellos, él también representa a aquellos niños que jugaron bien”.
En el Te Diegum –luego hecho libro– se lee de Nicolaus: “Tanto en fútbol como en literatura prefiero a quienes han mantenido la impertinencia de los niños. Es un gran bien para la sociedad que haya adultos, pero yo prefiero a Maradona. Uno de mis amigos me dice que es un canalla. Sí, y justamente por eso me gusta. Ha experimentado todo, como un niño que le pega una pitada a un pucho todavía encendido. Ha pagado con su persona”. Allí, también cuestiona a quienes lo condenan al rol de “Ser Ejemplo”. En su contrato, dice, no estaba escrito eso.
El Te Diegum del 91 también fue una manera de “despedirnos de él”, me dice Nicolaus. Aquella movida la organizó el comité “La calidad no es poca cosa”. Con Diego en cancha, los tifosis del Napoli, dicen, dejaron de ir al entonces San Paolo a sufrir. “Vencer sin renunciar a la belleza del juego: la belleza del juego al servicio de la victoria”.
Entre el 6 y 8 de noviembre, por los pasillos y aulas de la UBA habrá escritores, investigadores, artistas, militantes. Se expondrán libros, tesinas de grado, seminarios, investigaciones. Pero también habrá algo que Oscar Nicolaus advirtió hace casi 35 años al poner reparos a esa distancia que propone a menudo la ciencia entre el observador y el objeto de su estudio: “No se puede estudiar a Diego si no se lo ama también”.