Ensayos
INFANTINO SOCCER SHOW

INFANTINO SOCCER SHOW

La pasión y los negocios crecieron en un evento único llamado Mundial de Clubes.


No hay nada más capitalista, efímero, naif y cruel, en términos deportivos, que la palabra soccer. Es como el edulcorante: es y no es. O mejor dicho, hace las veces de. Hasta Trump, alejado de las grandes reflexiones progresistas, se dio cuenta. En el país del “supertazón”, donde hay deportes que solo se juegan ahí o tienen las reglas de ahí y solo de ahí, en donde los perros pueden ser buenos deportistas para las películas, se abrió paso una competición histórica.

El mundo fue testigo de una tribuna de consumo. Entretiempos con show, parajes en el medio de cada tiempo para promocionar bebidas energizantes. A lo yankee. El ridículo del fútbol espectáculo posiblemente se haya visibilizado en la regla menos clave: partidos que se suspendían por tormentas que nunca llegaban.

El multimillonario evento se vio no solo en los sponsors sino en los pagos: el Real Madrid, que no llegó a la final, abonó el pase de Franco Mastantuono con su participación en el Mundial de Clubes. El pseudo-monopolio con la plataforma DAZN, que ya anunció nuevas competiciones, cerró una suerte de combo capitalista perfecto con un valor preciso: mil millones de dólares en total, ciento veinticinco solo para el ganador, que había embolsado ocho por triunfar en la Conference League.

Todo con un esfuerzo físico criticado por propios y ajenos: un jugador solamente tiene que jugar y jugar, dice la FIFA, más allá de que ver el partido siendo suplente en el vestuario por el calor suene un poco a queja excesiva.

El negocio trajo la rapiña y la rapiña un ganador. No hubo marca más sponsoreada que el propio Gianni Infantino, que se hizo ver en los partidos clave, se sacó fotos y felicitó a los hinchas. Tenía subtitulo de traducción en la corbata de su saco. Era un alto funcionario del comando futbolero y un Ibai Llanos, todo a la vez: armó su propia Kings League sin tirar un dado. La FIFA hizo pesar a la UEFA y a los grandes popes de las ligas locales su poder, en una super competencia que perjudica o deja en un segundo plano a otras. Es para Javier Tebas, presidente de “La Liga”, que lo mira por «dazoun».

Mientras el fútbol Disney siguió su camino, se abrió paso en paralelo una amalgama fascinante de fútbol apasionado, angustiante, ilusionista, de esos que no se dan en el ruedo cotidiano de la pelota. «Jajaja como que el árbitro es Tello», tuiteó la cuenta de Borussia Dortmund Argentina cuando se dio cuenta de que impartirá justicia contra Monterrey el árbitro argentino. Una breve anécdota ilustradora.

Todos los días partidos, tres turnos, con una situación inusual: hubo mundial sin unidad nacional, con chicanas al rival cercano, festejando lo propio y esperando los tropiezos. De hecho, es lo único que River y Boca tuvieron, ver perder al de al lado. Se desinfló la pasión permanente de las calles argentinas que, en la primera ronda, discutían si River le podía o no ganar al Inter o cuán difícil era para Boca hacer siete goles, en cada esquina. Acá, Mundial, allá, Mundial. El Aleph de Borges en la casa y en la TV.

El fútbol brasilero demostró ser mandamás de Sudamérica y sí otorgó alegrías de orgullo continental. Y ahí va Igor Jesús contra el PSG, Germán Cano contra el Inter y el Fla contra el Chelsea campeón del mundo. El consuelo argento llegó con Enzo: del babi de San Martín y entrenar en un club de barrio en pandemia a conquistar el mundo dos veces, como quien se convierte fácil en una de las figuras mundiales.

La canción que copó los comedores de todos nosotros cantaba con ritmo “Freed from Desire”. Libre de deseo. Así nos dejó esta tertulia única.

Autor

  • Periodista. Le falta una tesis para ser Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Escribe en Lástima a Nadie, Maestro y colabora con otros medios digitales. Es uno de los autores del libro Crónicas Maradonianas.

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