
GOLES MAESTROS
No vamos a contar de qué crack hablamos. Pero es un crack.
No vamos a contar qué entrenador le dio esta charla técnica porque, en definitiva, lo clave es la charla y no quién la dio.
No vamos a ocultar que, cuando ese crack nos contó lo que nos contó, creímos que una charla así sólo se volvía posible para el días de la maestritud y para honrar a los maestros y a las maestras. Y, sin embargo, no: cada charla iba en busca de lo mismo que esta charla.
No vamos a precisar nada de eso porque ese crack nos explicó que en esa charla técnica comprendió que los nombres propios no importan demasiado. Y que todos y todas sabemos un poco y que todas y todos no sabemos otro poco. Y que todos y todas aprendemos de todas y de todos. Y que la existencia sólo es existencia y el mundo sólo es mundo si, además de uno, igual de relevantes que uno y una, están los otros y las otras.
No vamos a aclarar ninguna otra cuestión, salvo que aquella charla técnica empezó y concluyó con una lectura apenas antes de un partido. Una lectura que no aseguró ni ganar ni perder el partido que venía. Aseguró algo diferente: tratar de ser más libres, tratar de ser más justos, tratar de ser menos egocéntricos, tratar de ser más felices.
No vamos a seguir demorando. La lectura consistió en un fragmento, revolucionario y lleno de goles, de Pedagogía de la esperanza, libro maestro del maestro mayor de vidas que fue el brasileño Paulo Freire:
»Muy bien -dije en respuesta a la intervención del campesino-, acepto que yo sé y ustedes no saben. De cualquier manera, quisiera proponerles un juego que, para que funcione bien, exige de nosotros lealtad absoluta. Voy a dividir el pizarrón en dos partes y en ellas iré registrando, de mi lado y del lado de ustedes, unos goles que meteremos, yo contra ustedes y ustedes contra mí. El juego consiste en que cada uno le pregunte algo al otro. Si el interrogado no sabe responder, es gol del que preguntó. Voy a empezar por hacerles una pregunta.
En este punto, precisamente porque había asumido el momento del grupo, el clima era más vivo que al empezar, antes del silencio.
Primera pregunta:
-¿Qué significa la mayéutica socrática?
Carcajada general y yo registré mi primer gol.
-Ahora les toca a ustedes hacerme una pregunta -dije-. Hubo unos murmullos y uno de ellos lanzó la pregunta:
-¿Qué es la curva de nivel?
No supe responder y registré uno a uno.
-¿Cuál es la importancia de Hegel en el pensamiento de Marx?
Dos a uno.
-¿Para qué sirve el calado del suelo?
Dos a dos.
-¿Qué es un verbo intransitivo?
Tres a dos.
-¿Qué relación hay entre la curva de nivel y la erosión?
Tres a tres.
-¿Qué significa epistemiología?
Cuatro a tres.
-¿Qué es un abono verde?
Cuatro a cuatro.
Y así sucesivamente hasta que llegamos a diez a diez».
El crack que nos contó esa charla nos agregó que, desde esa charla en adelante, le quedó más claro que nunca que, adentro y afuera de cualquier cancha, ni él ni nadie eran ni más ni menos que nadie. Y también le quedó más claro que nunca -aunque lo saturaran de discursos que afirmaran lo contrario- qué es, de verdad, jugar y qué es, de verdad, bien de verdad, un gol.
Paulo Freire, miles de maestras y de maestros que -por los caminos que pueden, entretejiendo sueños y obstáculos- son como Paulo Freire y son como ellos mismos, son el Día del Maestro y de la Maestra todos los días, con un diez a diez, con los goles que sean y con los que no sean, con la realidad a favor, en contra o ambas cosas. Lo asumió ese crack que, ahora, a sus jugadores, o sea a sus compañeros, los invita a leer Pedagogía de la esperanza.
Pedagogía de la esperanza: no hay nada más parecido a decir maestra y a decir maestro que decir esperanza.