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AQUÍ NADIE SE QUEDA AFUERA

AQUÍ NADIE SE QUEDA AFUERA

Sobre la puerta del Almagro Boxing Club (ABC) se lee una frase: “Cuna de campeones”. Es un edificio bajo, clavado en el medio del barrio, del que cada tanto se escuchan un parlante con música, el repiqueteo de pasos y la campana que marca el fin de los asaltos. Hoy como hace ya 103 años: este jueves 30 de abril se cumplió un nuevo aniversario de la fundación del Almagro, el club de boxeo en actividad más antiguo de Buenos Aires.

—Es un gimnasio de boxeo puro —dice Agustín Estiven, boxeador e integrante de la comisión directiva del club, en diálogo con Revista Meta después de su entrenamiento—. Hay más alumnos recreativos que amateurs o profesionales, pero esa cuestión está. Yo creo que ahí colabora el entorno del club, la historia…

Estiven es empleado bancario, licenciado en Ciencia Política y peleador competitivo en el circuito amateur. Llegó al boxeo en un gimnasio comercial donde enseñaba Leo Barceló, profesor también del Almagro, quien lo llevaba a guantear los sábados a Av. Díaz Vélez 4422; la sede a la que el club se mudó (de Yatay con Bogado) en 1945. Allí Agustín tomó impulso, realizó exhibiciones y terminó por integrarse a la institución.

—El boxeo tiene esto de que, por más que seas recreativo, vos vas, empezás a mejorar y querés seguir mejorando, y para seguir mejorando tenés que darle mucho tiempo. Cuando estás entrenando bien, se te nota físicamente, y eso motiva mucho. El alumno recreativo empieza a ver esas mejoras y en vez de venir dos veces quiere venir cuatro, cinco, quiere hacer sparring. Los recreativos van aprendiendo de los competitivos, se retroalimentan, los ven y tratan de copiar sus hábitos de entrenamiento, de comida, de descanso y de forjar esa disciplina. Es un deporte individual que se comparte desde lo colectivo —sigue el entrevistado.

De ese colectivo salieron Abel Laudonio, medallista olímpico en Roma 1960, y Karen Carabajal, retadora al título mundial unificado el 2022. Allí entrenaron desde Pascual Pérez, primer campeón mundial argentino, hasta Bob Dylan, cantautor fanático del boxeo y premio Nobel de literatura. Fundado antes del boom de gimnasios que generó la pelea Firpo-Dempsey, antes aún de la legalización de la actividad en Argentina, fue la punta de lanza del deporte que más medallas olímpicas ha aportado a la historia del país.

Estiven, sin embargo, le asigna un rol mucho más aterrizado:

—Lo que tratamos de hacer es, obviamente, formar boxeadores, pero siempre se trata más de formar personas. De privilegiar los valores del compañerismo, la disciplina, la solidaridad. Lo deportivo también es importante, porque el Almagro tiene una historia grande en el boxeo, pero creo que pasa a un plano secundario que termina retroalimentándose con todas esas cosas.

La línea histórica

El edificio de Díaz Vélez 4422 es histórico, pero no lo presume. Los peatones ven apenas una fachada grisácea con una puerta metálica entreabierta. En la vereda, según el horario, se acumulan las motos y las bicicletas, y algunas noches, cuando hay combates de exhibición, se instala una parrilla de choripanes.

—El Almagro está muy identificado con su barrio —cuenta Estiven—. Si ves los grafitis de la ciudad, acá tenés los guantes de boxeo y el tango. Es una cuestión identitaria muy grande para el vecino. La relación con ellos es buena, porque el vecino qué ve: un lugar de deporte, un lugar donde los chicos no están en la calle sino entrenando, donde se forman personas… El club ocupa ese rol social que a veces el Estado no puede cubrir, por diversas cuestiones. Por eso el vecino es muy cariñoso con los clubes de barrio.

Tras cruzar esa puerta, pasado el mesón y el molinete, se llega un pasillo con recortes de diarios: medallas olímpicas, cinturones de campeonato y veladas históricas en el Luna Park, donde aparecen los rostros de los mismos Laudonio, Carabajal, Quintana… Al final están los sacos, el espejo y el ring. Allí los alumnos se calzan los guantes, se ajustan el cabezal y, más o menos nerviosos, esperan a que suene la campana.

—El que más sabe ayuda al que menos sabe —continúa el entrevistado—, el más fuerte ayuda al más débil. Donde vos pones a guantear, por ejemplo, a una persona muy experimentada con una muy poco experimentada, el que es muy experimentado no lo va a castigar; al contrario, hasta lo va a ayudar. E incluso si el más fuerte se aprovechara, va a ser juzgado por sus pares. Es algo que no está bien visto en ningún lugar, pero en el boxeo está mucho más marcado.

Cuando se organizan las exhibiciones, en el Almagro como en los otros clubes de barrio del Área Metropolitana de Buenos Aires, se congregan profesores de todas las escuelas, “que capaz que en jornadas de boxeo amateur están cinco o seis horas acompañando”, viajando en sus propios vehículos con los lienzos representativos de su escuela.

—Es una cuestión sin fines de lucro, no es una cuestión productiva —sigue Estiven—. El técnico va realmente porque quiere llevar a su pupilo, porque quiere mostrar, porque quiere estar.

Del ABC han salido boxeadores que una vez retirados fundan sus propias escuelas: de allí salieron, entre otras, AMF Box, Boxeo MP, Método XII y, quizás la de más alto perfil, el Club Defensores de La Boca de Fernando Albelo, representado a nivel internacional por Agustín “Sugar” Quintana y la mencionada Karen “Burbuja” Carabajal.

—Las personas se van criando con esto de la solidaridad, la disciplina y bueno, a medida que van ganando experiencia lo quieren volver a transmitir —retoma Estiven, que complementa—. El Almagro tiene una línea muy pulida de boxeo, la línea histórica olímpica Argentina, y eso ayuda a crear formadores. En general el boxeador del Almagro sigue esa línea técnica, estilista, de entrar y salir, de analizar, no tanto del palo por palo.

—¿Y por qué crees que se da ese foco en la competencia amateur por sobre la profesional?

—Confluyen dos cosas que hacen muy difícil dedicarse completamente al boxeo profesional: no hay una estructura de inversión tan grande como en otros países, y el camino profesional requiere muchos recursos. Hay gente muy talentosa que busca sus recursos como puede, desde la obra social o preguntándole a gente que sabe, hasta leer solo, buscar, investigar. Pero a nivel profesional se necesita estructura. Transitar todo ese camino es muy complejo aun teniendo habilidad, aun entrenando bien, aun siendo disciplinado. Y en ese sentido a mí me encanta el boxeo, pero es muy ingrato. Porque uno expone la salud y la vida útil es corta.

Nadie queda afuera

—El boxeo en cuanto a disciplina es bastante duro —retoma Estiven—. Tener que comer bien, entrenar todos los días… Es un deporte individual, pero en el que vos necesitás sí o sí de un equipo. Ese equipo puede tener dos o tres personas: preparador físico, técnico, psicólogo deportivo, nutricionista… Obviamente, a veces todas esas funciones las terminan cumpliendo una o dos personas, o hasta los compañeros.

—Imagino que en términos de recursos tener tantos profesionales alrededor es difícil, sobre todo en este contexto.

— Muy difícil. Entonces uno se termina apañando en esos roles con los compañeros y bueno, en la práctica en la figura principal del técnico, que termina cubriendo muchos de esos roles: psicólogo, mentor, todo junto.

—¿Y en el público recreativo? ¿Cómo les ha impactado este contexto económico?

—El consumo está muy decaído y lo hemos sentido bastante. Son charlas que tenemos dentro de la comisión: nosotros queremos hacer un montón de inversiones en el club (arreglar el piso, un baño o no sé qué) y se actualizan los servicios para el club también, entonces tenemos que aumentar la cuota. ¿Pero dónde está el límite? No dejamos de ser un club social, y queremos que la gente venga.

La historia de los clubes de barrio es, al fin, la historia de las fluctuaciones en la economía argentina. En octubre del 2019, la Legislatura porteña condonó deudas por 240.000 pesos de entonces (unos diez millones actuales) que el ABC mantenía con la Ciudad de Buenos Aires. El 2025, el Gobierno nacional impulsó un reempadronamiento de clubes para el acceso a subsidios de gas y luz. A día de hoy, según el Observatorio del Deporte Metropolitano (UMET), el 68,2% de los clubes del AMBA no se encuentra afiliado a una federación deportiva, dependiendo exclusivamente de la cuota de sus miembros para financiarse.

Sigue Estiven:

—Hicimos una actualización en la cuota en la cual vimos que la gente la sintió más. Tomamos la decisión, tirando a noviembre, de no aumentar más la cuota. Vimos referencias, estamos baratos con respecto a otros clubes, pero elegimos cuidar un poquito al socio en este momento difícil. Más allá de que nosotros siempre habilitamos al que no pueda pagar a que lo exprese y se busca la forma de becarlo; nadie queda afuera. Y bueno, la idea es que el club pueda después invertir esa cuota en infraestructura, que es en definitiva lo que termina usando el socio. Pero es una discusión mes a mes. Solemos tener aumentos, capaz, cada tres o cuatro meses, y evaluamos cómo está la situación para cuidar al socio.

Son 103 años en un momento complejo, pero estimulante. El ABC viene de organizar actividades con la facultad de odontología (UBA), que instaló su camión de atención gratuita frente al edificio, así como de recolección de donaciones y asesoría nutricional. Hoy sábado 2 de mayo, a partir de las 13 horas, el club celebra su aniversario con exhibiciones en Díaz Vélez 4422. La entrada tiene un valor de 5000 pesos más un juguete o ropa para colaborar.

—El lema del club es “Una hora más en el gimnasio, una hora menos en la calle” —cierra Estiven—. Y como política pública, el hecho de invertir en deporte nos va a hacer gastar menos en salud, porque vamos a tener una población más saludable. Y en tiempos donde todo es digital, donde los chicos están mucho en las pantallas, el club como punto de encuentro de presencia física siempre está bueno —señala.

Autor

  • Periodista freelance y Lic. en Comunicación Social (UBA). Nacido en Viña del Mar, Chile, reside en Argentina desde el 2020. Ha publicado sus artículos en Página 12, ANCCOM y la revista Hecho en Buenos Aires, entre otros medios. También trabaja en el portal Tektónikos y colabora con la revista literaria Desórdenes, de Valparaíso.

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