
BOTINES CON MEMORIA
El pañuelo blanco se anuda a los botines. En cada jugada se disputa Memoria, Verdad y Justicia. Un pase de gol es, también, un grito a viva voz: ¡NUNCA MÁS! ¡30.000 DETENIDOS DESAPARECIDOS PRESENTES!. En el Norita Fútbol Club, el deporte respira lucha y se practica como una herramienta de transformación e identidad colectiva y social.
En un contexto de embate contra los derechos humanos y crisis económica, el fútbol aparece como espacio de resistencia política. No es casualidad esta forma de entender el juego: lleva la bandera de Norita Cortiñas, la “Madre de todas las batallas”, quien comprendía al fútbol como un espacio popular donde también existen desigualdades. Su vínculo con el equipo no fue sólo representación sino cercanía: poner el cuerpo, acompañar e interesarse.
«El fútbol no es sólo un juego, sino además un fenómeno social sobre quiénes somos, nuestros deseos, convicciones y valores», expresa Tamara Haber, presidenta y jugadora del Norita FC, quien desde 2017 impulsa este colectivo de mujeres militantes feministas que decidieron darle sentido histórico y político a la cancha.
Para muchas, el club encarna el fin de un exilio impuesto. “En lo personal, siempre me gustó el fútbol pero mis viejos decidieron mandarme a hockey. Lo jugaba, pero mi pasión era el fútbol”, recuerda Tamara. En ese sentido, el Norita FC abraza esa pasión que ya no tiene que esconderse ni ser reemplazada por una alternativa “permitida”.
En Castelar y en la 9 de Julio
La mística de este marzo de 2026 fue especial. El día que hubiera sido el cumpleaños 96 de Nora Cortiñas, su espíritu sopló fuerte en un ritual sagrado: una “Jornada por la memoria” y un picadito en su propia casa de Castelar, espacio proyectado como museo y sitio de memoria. Allí, entre paredes que transpiran historia, se sumó Mónica Santino, referenta de La Nuestra Fútbol Feminista y pionera en los potreros de la Villa 31. Ver a Santino —referenta histórica del fútbol femenino— jugar en el patio de Cortiñas fue el cruce entre el fútbol que pone en movimiento derechos y el de la memoria latente.
Con el apadrinamiento de Adolfo Pérez Esquivel —Premio Nobel de la Paz— el club selló un pacto histórico entre militancias. “Quiero decirles a las chicas que ahora estoy muy duro para jugar, pero voy a ser el padrino del equipo”, bromeó el profesor. El apoyo de leyendas como Betty García, integrante del primer seleccionado argentino de fútbol femenino que participó en el Mundial del 71 (y definida por las pibas como «la DT más fachera»), mantiene la mística de la rebeldía intacta.
“Desde 1959 luchamos para que nadie nos impidiera jugar. Veo que el Norita FC no es sólo un grupo de jugadoras, además luchan en la cancha y ayudan afuera. Tienen esa rebeldía”, afirma Betty. “Llevo con orgullo pertenecer al club; estar con las chicas es una felicidad que no tiene precio”.
Días después, esa energía se trasladó a la marcha del 24 de marzo “Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia”, donde el equipo armó un picadito en pleno cruce de 9 de Julio y Avenida de Mayo, llevando la agenda de derechos humanos a la calle. Participó de la propuesta haciendo unos pases la diputada nacional y activista política de Paria Grande, Natalia Saracho, entre otras personalidades. Las chicas acompañaron también el reclamo de los trabajadores de Fate, la emblemática empresa argentina de fabricación y exportación de neumáticos, bajo la consigna: “Fate no se cierra”.
Democracia en cada pase
Lo que diferencia al Norita FC de cualquier otra liga es su construcción colectiva en el barrio de Flores. Frente a un contexto donde la situación socioeconómica golpea, el equipo apuesta a los lazos. No es solo fútbol; es la metodología de las Madres aplicada a un club: la memoria para reafirmar el rumbo y el encuentro cotidiano que permite “sostener a la compañera que se cae” cuando la realidad aprieta.
“Los logros se consiguen en la calle”, decía Norita. Hoy las pibas le responden recuperando la historia para gambetear los prejuicios y la desigualdad. Porque en este club, el partido no termina con el silbatazo final: sigue en la vereda, en el barrio, con la fábrica y en la memoria.
- Créditos fotos @noritafutbolclub