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«El ROCCA PARA ALL BOYS» ES LO QUE IMAGINO

«El ROCCA PARA ALL BOYS» ES LO QUE IMAGINO

El histórico club de Floresta le exige al Gobierno de la Ciudad una vieja demanda: el predio Rocca de las calles Segurola y Miranda. Y está cerca de conseguirlo.

En la esquina de Segurola y Elpidio González, pleno barrio porteño de Floresta, Maradona mira fijo. Muy fijo. Está pintado en la pared. Arriba tiene una consigna: “El Rocca para All Boys”. Adelante, una muestra de gratitud: “Gracias All Boys por el proyecto presentado por el barrio y su gente”. Toda la cuadra de Segurola, donde se encuentra el famoso predio Rocca, hasta Juan Agustín García, se encuentra llena de murales: Malvinas, los 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, Jorge Julio López, Luciano Arruga, Mariano Ferreyra, Miguel Abuelo (con una historia particular en el barrio) y muchos otros.

También hay un mapa histórico, analógico pero casi interactivo, que te cuenta que en la calle Segurola All Boys tuvo dos estadios y donde uno puede ir viendo muchas partes importantes de la relación entre el club y su barrio. Pero posiblemente lo más lindo de la cuadra sea el mural que tiene a un técnico histórico, con la leyenda: “Los finales felices no existen porque las buenas historias nunca terminan”.

Cuadras de historia

“Podemos caminar”, dice Adrián Martínez, uno de los impulsores de “El Rocca para All Boys”, un grupo de vecinos y socios cuyo objetivo está en el nombre. Quiere mostrar todos los lugares y rincones de Floresta que entrelazan al club con un reclamo: un predio, hoy deshabitado, para que el principal club de la zona pueda disponer de actividades deportivas destinadas a sus infancias y adolescencias. Nos acompañan Ernesto Arbizu y Nestor Daneri, alias el gallego, también activistas del grupo y socios del club, y Joaquín, hijo de Adrián. El gallego se la pasa juntando firmas durante todo el trayecto.

—¿Cuántas van?

—25.000.

“Sentido de pertenencia”, expresa Adrián, que plantea que el carácter social del deporte, en una época de digitalidad, exclusión y marginalidad, resalta el rol que pueden jugar los clubes que, si se hacen más grandes, tienen mayores chances de triunfar. “Somos los que estamos encargados de militar este proyecto, este sueño, esta ilusión que estamos cerca de concretar. Desde hace cuatro años que estamos militando esto en el barrio. Se trata ni más ni menos de la necesidad de espacio que necesitan los clubes para ampliar su proyecto educativo, cultural, social y deportivo. Te doy un ejemplo: hoy tenemos a las chicas subcampeonas de la Copa Libertadores CONMEBOL de Futsal entrenando en la plaza que está acá a la vuelta”. Las subcampeonas de América, que perdieron la final del continente en noviembre del año pasado contra el poderoso Taboão Magnus de Brasil, en Luque (Paraguay), practican entre los árboles.

“Hoy es un lugar cerrado”, dice Esteban, “que no le presta ningún tipo de servicio al barrio”.  El club necesita espacio y hay un lugar vacío en el radio de acción del club, más precisamente enfrente de la vieja cancha de All Boys, que nuclea la gran mayoría de su vida deportiva, y a cuatro cuadras de la actual.

Pero, más allá de opiniones o necesidades, la historia pesa. Las tierras pertenecían a Manuel Rocca, inmigrante genovés, comerciante y propietario de tierras, cuyo destino hasta el día de hoy es una controversia.

“Imaginate que esto eran quintas, campo”, dice Ernesto. La donación de Rocca incluye las tierras del hospital aledaño que lleva su nombre; también el predio de la calle Segurola para el armado de un hogar. Comenta Adrián: “Rocca muere en 1913 y se abre el testamento. La casa no la tenía acá; esto era tierra, utilizada como reserva de valor de su fortuna. En el texto aparece una donación de la manzana de Jonte y Segurola, para un hospital que actualmente funciona, y esta manzana, cuya finalidad era un hogar, con la condición de que se eduquen a 80 chicos pobres y humildes todos los días. Ni más ni menos que donde estamos parados”.

En ese reformatorio vivió, hasta los cinco años, a fines de la década del cuarenta, Miguel Abuelo, inmortalizado en la pared con la leyenda “Amar es urgente”.

—¿Y por qué para All Boys el predio y no para otra cosa?

—Como articuladores del barrio, somos la entidad que puede manejar este predio y darle tanto a los socios del club como a los vecinos un servicio y una puesta en valor de lo que es el lugar. Y, fundamentalmente hoy consideramos, en el contexto en el que están la sociedad, la adolescencia y los jóvenes, que los clubes son el único ente que puede echar raíces y hacerlos pertenecer o sacarlos un poquito de la vida del celular. El club no tiene lugar hoy porque creció, pero también porque perdió terreno.

Esa es otra historia.

Topadora

La Topadora era un artefacto de desalojo y el apodo de un jefe de Gobierno. Jorge “Topadora” Domínguez ordenó, el 26 de abril de 1995, la demolición y el desalojo del polideportivo que All Boys tenía en Miranda y Mercedes. El argumento era la apertura de una arteria. Y así fue.

Pasaron 31 años. Estamos en el mismo lugar. Entre la Plaza Monte Castro y la 29 de Diciembre hay una suerte de triángulo. Adrián habla.

—Vino una topadora y abrió la calle. Nos sacó todo el terreno que hoy forman estas plazas. ¿Y qué argumento había para sacarle el polideportivo? Una cosa es abrir la calle y otra cosa es sacar además lo que había. Voluntad del intendente de esa época.

Hay una deuda con el club. Y las deudas se pagan. “Nosotros hablamos de reparación histórica”.

Le pregunto a Adrián por lo emblemático de la plaza “29 de Diciembre”. Porque ese día, en 2001, la policía mató por la espalda a Maximiliano Tasca, Adrián Matassa y Cristian Gómez en el hecho conocido como “La Masacre de Floresta”.

“Todos los años en el barrio se recuerda la fecha, hay gran participación del club. Siempre All Boys está presente. Fue un gran actor para que se consiguiera justicia”.

La topadora volvió hace poco. El Gobierno de la Ciudad quiso avanzar sobre el predio. Es vox populi que su intención es poner el predio Rocca al servicio de la especulación inmobiliaria y la construcción de torres. Por supuesto, ese avance es ilegal: actualmente es un proceso legal y parlamentario el que se encuentra discutiendo las tierras. El proyecto de “El Rocca para All Boys” tuvo una primera lectura, este miércoles 3 de junio tiene su audiencia pública y se encuentra cerca de ganar. Por eso, lo del 11 de marzo pasado fue una barbaridad.

—Preguntale a él, que se puso enfrente -comenta Arbizu.

A Adrián le da vergüenza, pero no lo niega. Dice, igualmente, que la energía es colectiva. Se pusieron delante de la máquina, llamaron a los vecinos, convencieron a la policía y a los trabajadores. Las topadoras llegaron a tirar un mural por Malvinas. Los vecinos terminaron invitando a los excombatientes, que se sacaron una foto en el lugar.

Las topadoras, esta vez, no pasaron. Y tuvieron que pedir disculpas.

Imaginar

Imaginar es clave para lograr. Visualizar un reclamo en forma de realidad: no hay manera, si no, de pelear por lo propio.

Adrián, Ernesto, Joaquín y el Gallego me llevaron por las cuadras de Floresta, hablándome del club, de sus murales, de las experiencias, de la historia de un barrio que no hace otra cosa que pelear contra el avance mercantil y capitalista del mundo moderno urbano. No es detenerse en el tiempo: es pensar un tiempo mejor.

En un momento les pregunto si estuvieron ese día, el 23 de mayo de 2010, en Rosario. El aleph de los hinchas del blanco y negro: el día que Floresta volvió a Primera División. Me contestaron, siempre con cortesía, con una pregunta:

—Y, sí. ¿Cómo no vamos a estar?

Aquella vez, All Boys, que ganó una Promoción, hizo realidad una canción histórica de la tribuna, popularizada en épocas en las que no había solo gordos de traje hablando de fútbol sino también programas que pensaban en el hincha.

“Jugar en la Bombonera es lo que imagino”, cantaba la gente. Y lo consiguieron.

Imaginar es lograr. Vaya si en Floresta saben del asunto.

Autor

  • Periodista. Le falta una tesis para ser Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Escribe en Lástima a Nadie, Maestro y colabora con otros medios digitales. Es uno de los autores del libro Crónicas Maradonianas.

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