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JUGAR PARA QUE LA MEMORIA NO FALTE NUNCA

JUGAR PARA QUE LA MEMORIA NO FALTE NUNCA

Estamos atravesando una época donde la memoria está siendo pisoteada en nuestro país, con un gobierno que niega sistemáticamente lo acontecido durante la última dictadura cívico-militar e incluso persiguiendo a quienes osen pensar de manera distinta. Sin embargo, e incluso en tiempos difíciles, el mensaje recordando a los 30.000 desaparecidos sigue estando presente en distintos ámbitos, entre ellos en el deporte.

Esta historia comenzó en 1998, cuando el periodista italiano Valerio Piccioni descubrió la historia (amparándose en una investigación realizada por Ariel Acher y Victor Pochet para Clarín) el fondista tucumano Miguel Sánchez quién había sido secuestrado en Berazategui. Fue entonces que decidió crear la “Carrera de Miguel” en Roma para recordar su figura -luego la misma recalaría en nuestro país-, convirtiéndose en el primer paso para empezar a descubrir más historias.

Gustavo Veiga fue otra pieza clave en esta historia, ya que en el 2006 publicó el libro “Deporte, Desaparecidos y Dictadura” para Editorial Al Arco, trabajo que tendría varias ediciones, llegando a la última en el 2019, donde se contabilizaban ya 220 historias, con 152 provenientes del mundo del rugby. Y todo esto terminaría desembocando en un tercer trabajo clave, en este caso realizado por la sanjuanina Carola Ochoa.

Ella, atleta del equipo Barrilete Cósmico (el cuál entrenaban Hugo y Estela Casanova), había viajado a la ciudad de Puerto Madryn en el marco de un plenario nacional en torno a la Carrera de Miguel con la idea de llevar el evento a su provincia. Sin embargo, cuando sus ojos se posaron en una foto su vida cambió para siempre. Ahí estaba el equipo de La Plata Rugby Club, mismo que había sufrido (como detalló Veiga) 20 desapariciones, algo que dejó a la institución al borde del abismo. “Ese club había sido diezmado casi en su totalidad, aunque había un sobreviviente, Raúl Barandarián. Y en ese momento tuve la sensación de estar viendo algo muy especial, ya que se trataba de muchachos de clase alta, con todas las posibilidades en el mundo para llevar adelante una vida exitosa -muchos de ellos con carreras universitarias, hijos de jueces-. Y me llamó la atención esto, que no se tratasen de muchachos de clase obrera que se hayan inspirado en su lucha política en medio de sus organizaciones revolucionarias como cualquiera podía prever. En este caso, teniéndolo todo, decidieron proletarizarse y luchar por los que menos tenían. Eso logró romper con los prejuicios que tenía para con la gente de clase alta, algo que me alivió en el sentido de la lucha que llevaban, donde parecía que todo era posible, era una manera de creer en una justicia del pueblo. Fue entonces que me enfoqué en estas investigaciones”, cuenta Ochoa para Revista Meta.

Hasta entonces Carola desconocía el mundo de la ovalada, teniendo más prejuicios que certezas. Ella comenta que “para mi, el rugby era algo muy lejano. No tenía familiares que lo practicasen y ni siquiera leía sobre esto en la sección deporte de los diarios, sino que simpatizaba más con el atletismo. Pero una vez que estuve en los clubes fui recibida de forma amorosa y no tengo más que agradecimiento para con ellos. Yo no tenía noción del deporte, lo único que conocía era a los 17 desaparecidos que venía investigando Gustavo Veiga. Yo tomé como base ese trabajo y terminé llegando a la cifra de 178 desaparecidos, algo que terminó dándole un vuelco a mi vida, porque de esta forma se pueden honrar sus memorias”.

 Pero el proceso, que terminaría desembocando en el 2016 en el Torneo Nacional en Homenaje a los Rugbiers Desaparecidos y el 2022 en el libro Los desaparecidos en el rugby (editado por Grupo Editorial Sur), no fue para nada sencillo. Ochoa le expresaba a Meta que “la investigación no empezó en el marco intelectual, algo que han reprochado algunos intelectuales abocados a la memoria, que cobijaron esta investigación pero difícilmente nombren a quién investigó, ya que ellos tienen muchos prejuicios para con la gente que hace esto de manera artesanal, autodidacta. Esa, seguramente, haya sido la mayor traba. Hay periodistas y escritores de derechos humanos a los que les cuesta valorar a una persona que investigó de forma autodidacta y que puso su corazón y su pasión en esta tarea, eludiendo los mecanismos de la intelectualidad que ofrecen los estudios universitarios, catedráticos, doctorales. Ese es el prejuicio por la que no me nombran y, de alguna manera, me terminaron cerraron puertas en algunos organismos de derechos humanos. Cada vez que lo cuento a la gente le llama la atención, pero hay que derribar esos prejuicios, así como yo pude derribar el que tenía con respecto a las clases sociales, ya que hay gente muy comprometida que ayuda en el rugby social. Actualmente, este deporte esta en auge y no me refiero solo al que se practica en las villas o en los lugares vulnerables, sino también con personas con discapacidad, en las cárceles. Pero yo les agradezco mucho a mis compañeros de ruta, Jorge Búsico, Ariel Acher y Eliseo Branca, con quién tuve una conexión muy especial en La Plata en el 2015 y creo que eso me dio la valentía para seguir en la lucha, ya que si renunciaba todo estaba perdido”.

Justamente una de las figuras clave en esta historia de recuperación de la memoria fue el ídolo del CASI y Los Pumas entre los 70s y 90s. El Chapa Branca conoció a Carola en La Plata y rápidamente se convirtió en un puente para que el Torneo Nacional pudiera transformarse en una realidad. “Yo solo la ayudé y le dije que usara mi nombre, aconsejándole algunas cosas.

Al final se le dio importancia a lo que ella quería demostrar, aunque la Unión de Rugby de Argentina (UAR) hasta entonces negaba cualquier tipo de ayuda, pero, con el tiempo, terminaron confirmando la desaparición de los jugadores y, en homenaje, colocando una placa en la casa central, algo que creo que terminó siendo el logro más significativo que tuvo Carola, al menos para mi. La sociedad trata de ocultar lo que pasó, pero es algo que se tiene que dar a conocer para que no ocurra nunca más. Y esto no pasa por una idea política, sino que va más allá. Esto pasa por ser humano, por creer en algo mejor”.

Ochoa, emocionada, cuenta que “antes de conocer a Eliseo no tenía en mis planes realizar todo esto. Es un gran inspirador, te da un sentido de vida. Eso es formidable. Él me recomienda siempre hacer las cosas con el corazón. Y en el fracaso me enseñó que hay que insistir, insistir e insistir hasta que se den las cosas”.

Luego de muchas idas y vueltas -y tomando como motor la frase “más moviliza el fracaso que el éxito” que le expresara el propio Branca- Ochoa pudo comenzar con el certamen, que en este 2025 cumplirá su décima edición, habiendo pasado por Ensenada (2016), La Plata (2017 y 2024), Rosario (2018), Bariloche (2019), San Juan (2020), Puerto Madryn (2021), Santa Fe (2022) y Comodoro Rivadavia (2023), llegando a la actual en Centenario, ciudad de Neuquén.

Lo especial del evento de este año es que se homenajeó a Juan José Ramos Figueroa, creador del equipo de rugby de la antigua Escuela Nacional de Enseñanza Técnica Nº1 y quién era estudiante de la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad Nacional de La Plata, siendo asesinado a sus 23 años en la misma ciudad un 28 de diciembre de 1976. Aunque el Torneo Nacional no solo es el certamen en si mismo, sino lo que ocurre durante el transcurso del mismo. “Las charlas se centran en una pluralidad de temas, aunque siempre teniendo a los desaparecidos como eje, con los familiares que van a contar la historia de sus muchachos y en donde el público puede participar. En Centenario habrá también talleres sobre discapacidad y rugby femenino. Pero siempre nos recordamos que el sentido es la memoria de los 178 y que mejor que darle sentido hablando a su vez de inclusión y de todo aquel que esté en un grado de vulnerabilidad para practicar este deporte” manifiesta Ochoa.

A partir de la edición de Bariloche 2019 se decidió abrir el certamen, invitando también a equipos femeninos y con discapacidad (habilidades mixtas). Fue allí que conoció a los fundadores de Hualas XV, Hugo Hormaechea y Andrea Contreras, quienes sintieron una conexión especial con lo que se venía haciendo. Hormaechea le expresó a Meta que “gracias a Martín Trevino (que lideró la edición de Bariloche) conocimos a Carola y ella se enamoró de este proyecto, pidiendo que estemos siempre en los torneos. Nosotros le damos mucho valor a lo que hace, porque es algo que está en nuestra identidad incluso como argentinos, ya que estamos forjados por nuestra historia”.

¿Cómo y por qué surgió este equipo? “Junto a Andrea y otros amigos decidimos avanzar con la fundación de este proyecto. Comenzamos a difundir por redes, a averiguar. En Neuquén funcionaba otro club con la misma modalidad que se llama Inka XV y que se podría decir que fueron nuestros mentores, ya que pudimos asistir al club para ver que hacían, como se preparaban e incluso sacamos el modelo del proyecto escrito para comenzar. La idea era convocar a varones mayores de 15 años pero la primera que se anotó fue Gala, de 14, por lo cuál nos hizo replantearnos la idea inicial. Y gracias a eso pudimos conformar el primer equipo femenino de esta modalidad en Argentina y el segundo en América (hay otro en Ecuador llamado Yaguares). Nuestros objetivos son derribar las barreras de la discapacidad y del género, todos los mitos que hay con respecto a este deporte (aunque sabemos que muchos no lo son por varias cosas que han pasado a lo largo de la historia del rugby en la Argentina y en el mundo). Queremos demostrar que cualquiera, sea hombre o mujer, pueda jugar al rugby. Combinando las habilidades de personas con o sin discapacidad formamos los entrenamientos y también jugamos, lo que lo hace más inclusivo aún” contó Hormaechea.

El Torneo Nacional sirve para cambiar un poco la mirada que se tiene sobre el rugby, un deporte que, a lo largo de su historia (y sobre todo en años recientes) ha visto momentos de violencia, discriminación y hasta asesinatos. Pero existe otra cara, una que deja en claro que también fue una disciplina en donde los jóvenes, pese a su estatus, no dudaban en donarse a los demás, buscando que el país fuera un poco mejor y sufriendo por eso el peor de los castigos. Es ese espíritu (que hoy se refleja en la faceta social del juego) el que hace ese pensamiento vuelva a ser posible. Y que, dentro de los 30.000, ellos también digan presente, siempre.

Porque, como dice Ochoa: “La primera edición fue en el Ensenada RC y aunque hubo cosas por mejorar lo importante fue amar la memoria de los muchachos desaparecidos e ir contagiando eso. Desde entonces repetimos siempre “presente los 30 mil”, afianzando el lema de “memoria, verdad y Justicia” y esto es importante, porque cada uno como argentino tendría que legitimizar las memorias de nuestros 30 mil y hacer algo al respecto, no quedarse solo con las actividades que puede realizar algún organismo de DDHH, sino también servir de atracción para que eso suceda, ya que ellos no le pertenecen a los organismos sino a todos los argentinos”.

Autor

  • Periodista, escritor y narrador de historias. Fundador de The Line Breaker. Amante de los deportes, sobre todo de lo que no miran los medios. Escribió cuatro libros: Detras del muro (2020), Titanes (2022), Hermandad, unidad y jogo bonito (2023) y 2001 una odisea argentina (2024), todos editados por LibroFutbol.

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