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REBELIÓN EN LOS JUEGOS DEPORTIVOS

REBELIÓN EN LOS JUEGOS DEPORTIVOS

El asunto era serio. Y urgente como la sed.

Durante la gala de bienvenida, los deportistas entonaron el himno como nunca. Al exhalar el “oh juremos con gloria morir”, se miraron, dijeron que sí y encerraron a los jueces en el gran salón.    

El primero en hablar fue el judoca ciego. Un hombre de treinta años, con una trayectoria deportiva reconocida en todo el mundo:

– Nos consta que jueces y juezas poseen las facultades para observar un gesto, una prueba, y decidir, bajo los parámetros establecidos, qué es correcto y qué es incorrecto. Y asignarle un número, una puntuación. Aunque yo no pueda ver como ustedes, confío en que esto es así.

Sin embargo, a los deportistas, nos asaltan dudas sobre sus capacidades para ejecutar alguna de las destrezas que evalúan. Aunque sea mínima. Y nos desvela comprender cómo lo hacen.

En ese instante, los deportistas irrumpieron a los gritos.
 

El levantador de pesas más veterano se alzó entre todas las voces:

– ¡Hay que decirlo en criollo! ¿Qué de lo que ustedes evalúan pueden hacer? ¿Pueden agacharse y levantar peso con la barra?. Porque, la verdad,  para mirar y decir lo que está bien y lo que está mal, todos somos guapos. ¡Así cualquiera!

– Yo quiero ver si alguno puede picar en el trampolín. Se los ve bastante excedidos. Y podrían romper los engranajes.- gritó el atleta.

– ¡Eso, eso, están excedidos! ¡Queremos saber si pueden hacer dieta por el resto de sus vidas! – chilló la saltadora en largo.

– Queremos verlos revolear las piernas con medio cuerpo afuera del agua, estirar los empeines, sonreír, ¡y coordinar con sus con-jueces! Hacer apneas de 5 minutos, ¡y que el agua no les corra el gibre! – reclamó la nadadora artística.

– Yo quisiera verlos remar 1500 metros a toda velocidad y con una sola pierna. Mientras se les acalambra la pantorrilla y sienten un torniquete en la ingle- exclamó el remero paralimpico.

– O tener lumbalgia y pubalgia todo el día – refunfuñó el futbolista.

– A mi me gustaría saber si pueden tomar 30 pastillas por día. Para el dolor. Y competir con el estómago en ese estado.- dijo el tenista mirando el suelo.

La gimnasta más chiquita se largó a llorar:

– ¡Quiero ir con mi mamá! 

Otra, un poco más grande, la consoló:

– Tranquila. Después de esto, ¡vamos a poder tomar helado!

Los jueces estallaron en berrinches e improperios. La primera en ponerse de pie fue la Presidenta de la Confederación Mundial de Jueces de Gimnasia Artística Deportiva. Se hizo la señal de la cruz, pidió el micrófono, y empezó:

– Padre Nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. El señor es contigo.

A continuación, jueces de Rugby, Voley, Atletismo, Básquet, Remo, Futsal, Natación, Fútbol, Patín, se abalanzaron hacia la puerta, indignados:

– ¡Años de biomecánica!

– ¡Tablas, estadísticas, probabilidades!

– ¡La vida entera estudiando!

Los deportistas, hartos, ya tenían las llaves. Y los encerraron.

La tricampeona de salto con garrocha tomó el elemento y empezó a sacudirlo contra el piso. El resto de los deportistas la seguía con los pies. Tal era el revuelo que todo empezó a moverse. Y, con tanto movimiento, la tierra se corrió de eje.

Desde ese día, los jueces reciben una ración mínima de alimento balanceado reforzada con polvos dietarios para sostener la fuerza y la potencia. Se les ajustan torniquetes en las ingles, se les prohíbe el helado y se los medica con entre 25 y 50 pastillas diarias para el dolor.

Cuando llegan los Juegos Deportivos, salen a evaluar. Con la vivencia en carne propia, las puntuaciones alcanzan un 98% de exactitud.

Imagen generada con IA.

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