Ensayos
EL GOL EN CONTRA DEL FÚTBOL CHILENO

EL GOL EN CONTRA DEL FÚTBOL CHILENO

En la cancha el juego va y viene. A veces se concentra en un sector, en otros momentos el juego es dominado por unos en desmedro de otros. Pero es un juego. Tiene tiempo de duración con un pitazo inicial y uno final. ¿Termina ahí todo? No. Como reflexiona Galeano respecto a la muerte, ese pitazo que determina el cierre de un encuentro, pasado los 90 minutos, no solo simboliza eso sino que también la apertura de las miles de jugadas revisadas y vueltas a ver por parte de quienes lo jugaron tanto dentro como fuera del campo de juego. ¿Cuántas veces hemos revivido jugadas hasta el cansancio?¿Cuántas veces en ese recuerdo hemos incluso cambiado pasajes del mismo partido? El juego no empieza ni termina en la cancha verde. 

En Chile, cuando la voz de Pinochet da cuenta de su traición al presidente Allende -1970 a 1973-, no solo se vestía de negro para dar termino al partido arbitrariamente en plena mitad del mismo -las siguientes elecciones eran en 1976-, sino que daba inicio a un crudo, doloroso y avasallador proceso que el pueblo chileno no escogió. El partido que comenzó empujado por los poderosos duraría 17 años, con cerca de 40.000 víctimas con más de 3.000 asesinados y/o desaparecidos. Mientras ello ocurría se preparaba la cancha para imponer e instalar las bases del modelo económico y político de la competencia sobre el apoyo mutuo. De la individualidad sobre lo colectivo.

Las banderas que empujaban este asentamiento neoliberal estaban empuñadas por quienes entendían los derechos como bienes de consumo, en un contexto de guerra fría la cual decanta en el territorio chileno con un bombardeo tal que permitiese una ola de privatizaciones en las diversas dimensiones de la vida. La educación, la salud, la vejez, la cultura, entre tantas otras, abandonaron la galería de los derechos y se transformaron en productos los cuales “libremente” podrías adquirir. Nadie nos dijo que la palabra “libertad” también era parte de lo transable y que tenía un costo. Si tu bolsillo lo permitiera, podrías acceder a la calidad en esos servicios. Sino, tal como cantaba el trío Los Prisioneros en voz de un joven Jorge González, tocaba patear piedras.

Esta ola que inherentemente velaba por, además, un estado pequeño con la consigna de que el “privado” lo sabe hacer mejor también llegó al deporte y por ende al fútbol. Así lo demuestra la utilización del Estadio Nacional como campo de concentración para la tortura a días del golpe militar, la utilización de la selección chilena en el repechaje contra la URSS para el mundial de Alemania ‘74 en noviembre de 1973, la llegada a la presidencia de la Asociación Central de Fútbol del ex general director de Carabineros, Eduardo Gordon Cañas y  la primera intervención a Colo-Colo en 1976 por parte del grupo económico BHC (Banco Hipotecario de Chile) luego de vetarse el proceso eleccionario del club al tener presente a en la lista opositora al dirigente sindical Tucapel Jiménez -quien 6 años más tarde fuese degollado por la Dirección de Inteligencia del Ejército-, entre otros hitos

¿El fútbol para quién?

El fútbol chileno en su plenitud fue intervenido. Se usó el deporte más popular para fines políticos. Mientras se crearon clubes de regiones para habitar a nivel nacional la liga chilena, los militares comenzaron a ocupar puestos directivos en la Asociación Central de Fútbol (hoy ANFP) y en los diversos clubes. El lema de “Empresas con camiseta” exclamado por el entonces presidente de Colo-Colo puesto por BHC, Luis Alberto Simian, avizoraba las intenciones de “modernización” que pretendía la dictadura con esta actividad deportiva pero también comunitaria y recreativa. Desde 1977 a 1983 se crearon 8 clubes quienes comenzaron a integrar la competencia nacional lo cual implicó un campeonato con tantos integrantes que no era financiable. Lo que generó una deuda de casi 1.400 millones de pesos de la época -en 1984 se llegó a 26 equipos-, el intento de “modernización” sufrida en Colo-Colo fracasó aumentando la deuda ya que el grupo BHC sacó todas las utilidades para recuperar la inversión y así un suma y sigue.

Llegada la década del 90 con una sociedad que comenzaba a sentir la “democracia” en el país. Singularmente Colo-Colo ganó la primera y única Copa Libertadores de América para un club chileno, dando inicio simbólicamente a una etapa de espectáculo deportivo. Jugadores de la talla de Leo Rodriguez, Marcelo Espina, Claudio Arbiza, Lunari, Beto Acosta, David Bisconti, Gorosito, Bichi Borghi, comenzaron a nutrir los planteles del fútbol chileno. El Real Madrid de Iván Zamorano visitó en dos ocasiones las canchas chilenas disputando partidos con la Universidad de Chile, Colo-Colo y la Unión Española. Una época donde se instauró la “noche alba” como evento modelo que daba inicio a la temporada deportiva donde se presentaban las nuevas estrellas del plantel albo con un espectáculo sin igual. Recordada es la llegada del técnico Nelsinho Baptista en helicóptero para ser presentado en el plantel albo de 1999. Así los clubes se sumaron a este formato de actividad. Las marcas comenzaron a aparecer con más fuerza, mientras que los clubes iban logrando derribar vallas históricas logrando un clímax a mediados de la década con diversas participaciones en semifinales de torneos continentales. En la dimensión organizacional, pese a los intentos de la dictadura en iniciar el proceso de privatización, los clubes seguían siendo organizaciones sin fines de lucros, configurados por sus socios y socias, co-creando diversas actividades culturales, recreativas y deportivas. Prácticas comunitarias que a nuestros ojos toca no idealizar ya que también existían experiencias verticales y en algunos casos bordeando el límite con lo corrupto, no obstante estos lugares tenían participación comunitaria. Recordadas son las disputas por la presidencia de Colo-Colo y la Universidad de Chile, quienes vivieron mediáticas elecciones con cobertura nacional en los medios de comunicación masivos. 

Mientras todo esto sucedía, muy por debajo comenzaban los problemas. Mantener el espectáculo era costoso. Iniciando la década de los dos miles, Colo-Colo sufrió una nueva crisis económica. Estado grave de los clubes. Manejable si hubiese habido interés, pero necesario para la concreción de la privatización de, tal vez, uno de los últimos espacios que le quedaba al capitalismo chileno por cooptar. 

Si bien la ley de SADP en Chile se promulgó el 25 de mayo de 2005, el puntapié inicial data del año 1998 empujada por la pluma del entonces senador Sebastián Piñera. Mas no fue hasta el 2002 cuando se creó el escenario perfecto para su instalación. La Tesorería General de la República realizó una re interpretación de un Decreto con Fuerza de Ley dictado en 1970 que regía a la actividad de deportistas profesionales y trabajadores que desempeñan actividades conexas. Es esta re interpretación fue la que puso en tela de juicio a los Clubes asignándoles enormes deudas imposibles de gestionar sin voluntad política. A modo de ejemplo, Colo-Colo pasó de tener 52 millones en deudas a 12.258 millones de pesos. 

A continuación algunos hitos para entender la ruta del golpe final al modelo de corporaciones deportivas: el 23 de enero de 2002 Colo-Colo fue declarado en quiebra; el 23 de julio del mismo año se inició el proyecto de Ley  que “regula las Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales”; el proyecto de ley se aprobó el 8 de enero de 2003 en el gobierno de Ricardo Lagos (PS); el 31 de diciembre de 2003 la Tesorería General de la República solicitó la quiebra del Club Universidad de Chile (Corfuch); el 8 de marzo de 2005 se creó “Blanco y Negro S.A.” siendo a finales de ese mes cuando la junta de socios del CSD Colo-Colo aprobó el proyecto que contemplaba hacerse cargo de la deuda que llevó al club a la quiebra a cambio de la administración por 30 años del fútbol joven y profesional –deuda que hasta el día de hoy no es solucionada-; el 8 de junio de 2007 se firma el contrato entre la Corfuch y Azul Azul S.A. que determina la concesión de activos durante un plazo de 30 años, prorrogables por 15 más.

Esta ola privatizadora fue acompañada por una campaña mediática intensa. La promesa de que llegaban los que “saben” fue recitada por casi todo el espectro de periodistas deportivos -incluidos quienes hoy son más críticos al modelo-. En la actualidad solo dos clubes siguen participando del fútbol profesional siendo Corporaciones sin fines de lucro -Cobresal y Curicó Unido-. En cuanto al orden económico, diversos clubes lograron una deseable estabilidad en los pagos de remuneraciones, aunque las deudas originarias incluso han aumentado. Los éxitos deportivos en la era de las Sociedades Anónimas Deportivas -Universidad de Chile Campeón de la Copa Sudamericana, la Copa América de 2015 y 2016, entre otros- tienen su base formativa en el modelo anterior. 

Experiencias de resistencia cultural

¿Y si tomamos la pelota y comenzamos a proponer?

Pese a lo crudo de la situación, el modelo económico, político y cultural chileno ha vivido resistencias. Tensiones que vieron una explosión en octubre de 2019 en lo que se conoce como estallido social en Chile, pero que han tenido diversas manifestaciones e hitos que lo anteceden. En el fútbol esto también ocurre. Desde los primeros años de las Sociedades Anónimas Deportivas han surgido resistencias al modelo desde las y los hinchas. En la actualidad son diversas las organizaciones que disputan el sentido común en una “batalla” cultural de cómo ver, vivir y sentir un club. Luchas que han empujado resultados en la participación de las socias, socios e hinchas, quienes vieron reducidas al mínimo su espacio luego de la instalación del modelo de gestión neoliberal en el fútbol. Organizaciones tales como la Asociación de Hinchas Azules, Colo Colo de todos, Católica para su gente, Movimiento 15 de agosto de Santiago Wanderers, entre otros, han empujado una oposición cultural y política en el fútbol.

Esto ha decantado en diversas iniciativas organizadas como las filiales del CSD Colo-Colo quienes proponen efectivamente un modelo distinto desde la construcción y levantamiento de Escuelas de fútbol y básquetbol gratuitas. Conocido es el caso de la Filial Maipú del CSD Colo-Colo, quienes desde 2013 iniciaron un proceso de construcción colectiva levantando espacios deportivos comunitarios gratuitos y abiertos a la comunidad, en el año 2014 levantaron un preuniversitario y dos bibliotecas populares. Hoy siguen con dos escuelas comunitarias de fútbol y una de basquetbol, desde una perspectiva autogestiva. En la vereda azul, la organización popular bullanguera ha levantado históricamente espacios donde se construye otra forma de hacer club tales como las escuelas de fútbol comunitarias, espacios de educación popular bullangueros, comisiones de género, entre otras instancias. La contra cultura ha ido marcando las jugadas que los colectivos u organizaciones han construido en oposición al modelo hegemónico y en modo de propuesta a maneras de relacionarse desde y dentro de un club con la colaboración y el apoyo mutuo como estandarte. Además existen instancias que han intentado hacer modificaciones a la ley de Sociedades Anónimas Deportivas, pero estos siguen siendo lugares muy cercados. 

En definitiva, el modelo instaurado desde el Estado no fue sino una articulación entre poderes económicos y políticos. Queda la sensación que faltaba anexar uno de los últimos espacios de sociabilidad y organización a la -hoy- cultura neoliberal chilena. Un modelo de competencia e individualidad versus otro donde los valores tienen más opciones. Un modelo donde la homogenización encuentra resistencia en la diversidad de sentires y quehaceres. Es interesante visualizar que el modelo extractivista y monocultivador llega al fútbol con el cuerpo de las Sociedades Anónimas Deportivas. Por lo que resistir y crear un espacio distinto puede situarse como parte de las diversas luchas comunitarias que se siembran en nuestra América.

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