Ensayos
VOS JUGÁS, VOS NO

VOS JUGÁS, VOS NO

En el deporte existen una serie de prácticas fuertemente naturalizadas que, en clave de Educación Sexual Integral, resulta oportuno problematizar.

Teniendo en cuenta, en primer lugar, que los ámbitos donde se desarrollan actividades deportivas pueden ser muy diversos: clubes, escuelas de fútbol, hockey, tenis; gimnasios, instituciones educativas, entre otras. Estos espacios cumplen una función fundamental en la formación y el desarrollo de infancias y adolescencias.

A su vez, la Ley de Educación Sexual Integral aspira a una educación sin violencias, basada en el respeto por la diversidad, con perspectiva de género y en clave de Derechos Humanos. El presente artículo tiene la intención de invitar a la reflexión y análisis acerca de ciertas lógicas naturalizadas que operan en la organización de estas prácticas deportivas y que involucran a niñeces y adolescencias.

Una de éstas tiene que ver con la existencia de una diferenciación entre quienes, en un partido, se desenvuelven como protagonistas y ofician de titulares, mientras que otros, por razones que intentaremos descifrar, son invitados a ocupar el banco de  suplentes

¿Qué parámetros son considerados para priorizar un cuerpo y excluir a otro del terreno de juego?

La iniciación deportiva

Entre los 4 y los 10 años es común que se fomente la participación igualitaria en los encuentros o partidos. Sin embargo, conforme avanza el tiempo, éstos van tomando otras orientaciones. Niños y niñas crecen, se desarrollan y la frecuencia de entrenamiento, así como también, la participación en diferentes competencias se incrementa. 

A partir de los 10 años, quienes practican un deporte de equipo y competitivo, comienzan a ser mirados y evaluados bajo la lógica del rendimiento deportivo. Diferenciando a quienes jugarán como titulares, frente a otros que quedarán en el banco de suplentes.

Ante a esta situación, nos preguntamos:

¿Qué atributos debe poseer un cuerpo para ocupar un lugar de privilegio en el terreno de “juego”?

¿Qué características corporales, en cambio, son las que se desestiman?

¿Existe un sistema de “cuantificación y medición” del rendimiento deportivo, de acuerdo con estas cualidades?

Valoración diferencial de los cuerpos

Cuando la prioridad es la maximización de los resultados, concepto equiparable al de la producción, opera  la lógica del rendimiento deportivo. Niñes y adolescentes son comparados bajo un sistema que pretende la eficiencia: más en el menor tiempo posible.

El foco de atención comienza a desplazarse: aunque, después de los 10 años, continuamos frente a niñes y adolescentes, sujetos de derechos en pleno desarrollo de su corporeidad, estos aspectos forman parte de un segundo plano. Se privilegia el rendimiento deportivo por sobre todas las cosas.

Si bien cada deporte tiene sus propias demandas, según su técnica y organización, existen cualidades corporales y  acciones que son comunes a la mayoría de los deportes y que ofician de parámetro de medición  del rendimiento: la “fuerza muscular”, la “ resistencia al dolor o a la fatiga”, la “velocidad”, “la ocupación de espacios”, las “acciones de ataque”, “de empuje”, o “propulsivas”, son algunas de ellas.

La fuerza muscular

En términos concretos, la fuerza muscular es la capacidad que permite superar una carga. Quienes manifiesten mayor desarrollo de ésta, según los parámetros dominantes, serán valorados positivamente. 

Bajo la misma óptica se ponderan a quienes se muestren resistentes al dolor corporal o a la fatiga que generan las exigencias de la práctica. También, ante a situaciones de contacto: choques con compañeres, golpes, patadas, pisotones, etc. La cualidad de la fortaleza se reserva a quienes “no se quejen y se la banquen”. En cambio, quienes expresan malestar, dolor, molestia serán considerados “flojos, faltos de valentía, lábiles”.

En este punto, podríamos pensar que en el vínculo con las manifestaciones corporales que emergen a partir de la actividad realizada, niñes o adolescentes podrían construir un lazo respetuoso consigo mismos si, en lugar de ignorarlas, acallarlas o desatenderlas, pudieran alojarlas. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿Los espacios de entrenamiento están interesados en crear las condiciones para que esto ocurra?

Acciones de ataque

Si analizamos las dinámicas de juego, se jerarquizan las acciones de ataque por sobre las defensivas. Un/a jugador/a será mejor calificado si “anota” tantos en un partido que si los defiende. Es una obviedad: les jugadores más premiados son aquelles que registran más cantidad de puntos. 

Velocidad

Quienes contribuyan con el aumento de la producción de resultados en el menor tiempo posible serán calificados como “potentes” o “explosivos” y apreciados en términos comparativos. En el otro extremo, niñes o adolescentes con características ligadas a la lentitud y a la relajación, serán descartados.

En este sentido, podrían establecerse relaciones, también, con actitudes como las de la reflexión o el análisis. El deporte competitivo requiere de toma de decisiones rápidas, eficientes y efectivas, sin lugar para errores o equivocaciones, descartándolas del proceso de aprendizaje. La pausa, la posibilidad de interrumpir automatismos, el detenerse a pensar y reflexionar, no son, en general, actividades que el deporte infantil y juvenil tienda a promover.

Agilidad para ocupar espacios: las acciones de empuje o propulsivas

Avanzar, llenar espacios, expandirse, se privilegian frente a acciones de recobro, de relajación, de recuperación. Ir hacia adelante, por ejemplo, es mucho más importante que retroceder. Lo mismo sucede con la altura, la elevación. Se valora la ocupación del espacio aéreo: mientras más lejos del suelo pueda generarse la producción de resultados, mejor calificado será el deportista.

La respiración

En la misma sintonía de análisis, podemos detenernos a pensar, ahora, el movimiento de la respiración. Si bien es poco común que una práctica corporal deportiva preste atención al patrón de la respiración, es interesante observar que la toma de aire, la inhalación, que puede compararse con la idea de ocupar espacios, se priorice, frente a la exhalación.

En las prácticas corporales acuáticas, por ejemplo, pocas veces se presenta alguna pauta donde la exhalación sea una acción a observar. Se pone el foco en  la toma de aire como si ésta fuese la única responsable de la propulsión.

“Si no produce, no sirve”: cuando el deporte contribuye al ideal de cuerpo hegemónico

Quienes no presenten estas características o no respondan a estos ideales hegemónicos serán desplazados y ocuparán un lugar de relevo. Cuerpos «de segunda». Todos conocemos algún amigo  o pariente que abandonó el deporte porque era un “tronco”, una “ojota”, un “queso”. O porque nunca lo ponían de titular y terminó cansándose.

De acuerdo con todo lo expuesto, podemos advertir que en las prácticas deportivas competitivas se priorizan cuerpos fuertes, vigorosos, resistentes, indoloros, veloces, potentes, explosivos. Capaces de avanzar, elevarse, ocupar espacios, producir.   Bajo esta lógica binaria, orientada por la rentabilidad, los cuerpos pierden diversidad y soberanía.  Se producen deportistas a gran escala, desatendiendo los procesos subjetivos que niñes y adolescentes se encuentren atravesando.

Vos jugás. Vos no.

Según lo analizado, en términos de ESI, la existencia del banco de suplentes  constituye una práctica que implica una valoración diferencial de los cuerpos. Según los atributos corporales y acciones dominantes descritos con anterioridad, podríamos inferir que contribuyen a reforzar el estereotipo de la masculinidad hegemónica.

A su vez, aquello que guía a un niñe o a un adolescente es el placer de jugar, de compartir con pares y de contribuir, con sus posibilidades, a una tarea común. En este caso, un encuentro, un partido.  Impedir su participación y, todavía, invitarle a mirar desde afuera cómo otro compañero ocupa su lugar, porque se encuentra mejor calificado, valorado, y produce más…

¿Podría, acaso, considerarse como una forma de exclusión?

¿Podría entenderse como una vulneración del derecho a  participar, a expresarse, a jugar?

¿Podría interpretarse como una forma de violencia?

Las experiencias de comparación, segregación y exclusión provocan marcas subjetivas en cuerpos que se encuentran en desarrollo.

Esta nota fue escrita gracias a las conversaciones y los generosos aportes de:

Prof. y DT Matías Alegre (C.A.R.C.)

Lic. Natalia Lascialandare (Ex Coordinadora Casa Club C.A.R.C. Actual miembro Observatorio Deporte UNR)

Julia Baravalle (Mamá de Santi y Emi Ainsuain)

Chango Jorge Contrera (Integrante de Colectivo La Masa – Profe. del programa “Actividades deportivas recreativas en Contextos de encierro”)

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